Juan DEL RÍO
La actual crisis
económica ha destruido la ilusión del consumo ilimitado para la gran mayoría de
la sociedad occidental, pero a pesar del descalabro, son muchos los que todavía
se empeñan en creer a los oráculos del sistema que insisten en que, muy pronto,
volverán los tiempos de bonanza y vacas gordas y, ciegos ante la cruda
realidad, niegan la necesidad de un cambio radical que pueda garantizar nuestra
supervivencia.
Como autoorganizarse para cambiar el paradigma del consumismo en un
mundo complejo y finito
Os propongo un pequeño ejercicio.
Levantad la mirada y observad atentamente a vuestro alrededor. ¿Qué veis? ¿Existe
alguna relación entre los objetos, personas o cosas que os rodean? ¿Qué
relación tenéis con vuestro entorno?
Así es,
vivimos en un mundo basado en la interdependencia. Cada uno de los elementos
existentes depende de una u otra manera de otros elementos, formando así
sistemas de todo tipo y escala, que a su vez se relacionan entre sí. Por
ejemplo, no podemos entender la economía si no es dentro de una sociedad, y a
su vez no puede existir ninguna sociedad si no es dentro de un medio natural que
lo sustenta. Es ésta visión sistémica la que nos permite comprender que no somos
seres aislados del mundo físico y natural, sino que formamos parte de sistemas socio-ecológicos
complejos y dinámicos. En otras palabras, pueblos, ciudades o comunidades
habitadas por personas y otros organismos vivos, que se encuentran en continua evolución
y donde abundan las propiedades emergentes, existe un elevado grado de
incertidumbre y los cambios pueden ser irreversibles.
Un concepto
clave para comprender el funcionamiento de los sistemas socio-ecológicos,
nuestras comunidades, es la resiliencia. Entendemos por resiliencia la capacidad,
inherente a cualquier sistema, de absorber los choques externos y reorganizarse
mientras se produce el cambio, de manera que el sistema mantiene esencialmente la
misma función, estructura e identidad.[i]
Existen
evidencias científicas, como el informe sobre los límites del equilibrio planetario,[ii]
promovido por el Stockholm Resilence Centre, que nos demuestran que nuestro
sistema socioeconómico está sobrepasando la capacidad de carga de nuestro
planeta alterando gravemente el sistema Tierra. Consecuencias actuales de esta relación
disfuncional, dominante entre la sociedad industrial y la naturaleza, son el
cambio climático, la desaparición acelerada de la diversidad cultural y natural
del planeta, y con ello la disminución alarmante de la resiliencia, y las
crisis sociales y económicas asociadas.
Efectivamente,
el hambre extrema en el cuerno de África, la catástrofe de las centrales
nucleares en Japón, el gran aumento de las desigualdades sociales, el
crecimiento poblacional, el agotamiento de los recursos, el cambio climático,
etc. son parte de una misma crisis. Una crisis de sostenibilidad global, y de
percepción de la realidad, que tiene su origen en el desarraigo con la
naturaleza y en el consecuente ímpetu de nuestra sociedad por controlarla. Una
sociedad basada en el crecimiento acelerado y el consumismo desmesurado de todo
tipo de recursos. Por ello, la recuperación de un equilibrio global pasa por la
reconstrucción de resiliencia socioambiental mediante el decrecimiento
consciente de nuestras economías y la relocalización de nuestros modos de vida,
y para conseguirlo es necesario transformar nuestra relación con el entorno
natural, con los otros y con nosotros mismos. Lo que implica, como señala el
filosofo Jordi Pigem, una transición cultural, es decir un cambio de mentalidad
y valores.[iii]
Una sociedad adicta al petróleo
Sin petróleo barato no estarías
leyendo este artículo ahora. No se podrían haber escrito estas palabras en un
ordenador y no se podría haber impreso la revista que tienes ahora en tus
manos. La mayoría de cosas a nuestro alrededor dependen del petróleo barato
para su manufacturación y transporte: nuestros muebles, nuestro
entretenimiento, nuestra comida, nuestras medicinas, nuestra casa,… Efectivamente,
nuestro bienestar y riqueza económica están directamente relacionados con el
petróleo y es justamente esta gran adicción por la poción mágica de nuestros
tiempos la que nos hace tan vulnerables.
El pico de
producción del petróleo o peak oil, punto a partir del cual disminuye su
producción, significa que a partir de ese momento la disponibilidad va a ir
reduciéndose de manera gradual pero continua. Atendiendo al comportamiento de
los yacimientos actuales y de los nuevos descubrimientos petrolíferos, los
diferentes estudios científicos lo sitúan entre el 2007 y el 2015.[iv]
Sin embargo, en este caso, lo verdaderamente importante no es la fecha exacta,
dado que se trata de un hecho inevitable, sino el hecho de que ocurrirá pronto
y aun no hemos empezado ni a pensar realmente en ello ni a organizarnos para
ello. En palabras del investigador Richard Heinberg, el peak oil, debido a
nuestra extrema dependencia del petróleo, a su demanda creciente y a que no hay
perspectivas de encontrar un sustituto mejor, se trata del mayor reto social y
económico desde la revolución industrial.[v]
El mundo está cambiando; caminemos juntos
Albert Einstein decía que «los
problemas no pueden resolverse con la misma visión que los creó». Siguiendo ese
cambio de mentalidad existen un cada vez más amplio abanico de iniciativas y
movimientos, que trabajan a diferentes escalas y con diferentes enfoques por un
objetivo común: la transición hacia un modelo de desarrollo social y
ambientalmente justo y sostenible. Cooperativas de consumo, centros sociales,
el movimiento del Decrecimiento,[vi] o el
movimiento Transition Towns[vii] son sólo
algunos ejemplos. Sin embargo, hasta ahora, la dispersión de estos movimientos
y a veces su estrecha mirada ha hecho que, en vez de trabajar conjunta y complementariamente,
se aislasen perdiendo así gran parte de su fuerza y alcance. Por todo ello, en
estos momentos cruciales de la historia, resulta imprescindible ampliar esa
mirada viendo la problemática socioambiental desde una perspectiva sistémica,
buscando la manera de conectarse y colaborar, aumentando así la masa crítica y
favoreciendo el aprendizaje entre unos y otros.
Es ese enfoque
inclusivo e integral es el que persigue el Movimiento de Transición y uno de
los aspectos que lo emparenta con el reciente Movimiento del 15M. Con un
carácter eminentemente práctico y propositivo el Movimiento Transition Towns,
que se centra en las problemáticas interrelacionadas del pico de producción del
petróleo y el cambio climático, y que enfoca su respuesta hacia la
reconstrucción de resiliencia comunitaria, está sabiendo ejercer de paraguas y pegamento
de forma que iniciativas muy diversas trabajen conectadas y comiencen juntas el
proceso de cambio.
El concepto de transición
El concepto de transición parte
del intento de aplicar el diseñó de la permacultura[viii]
a asentamientos y ciudades. Su germen aparece en el 2005 con el proyecto
Kinsale 2021,[ix]
producto de un curso bianual de permacultura impartido por Rob Hopkins, posterior
cofundador del movimiento Transition Towns. Dicho proyecto piloto supuso el
primer intento de llevar a cabo un plan participativo e integral de descenso
energético (EDAP),[x] en el que se
trabajaba visionando un futuro positivo y autosuficiente en un mundo sin
petróleo, para la población sudirlandesa de Kinsale. Poco después, se creaba en
Totnes, un pueblo del suroeste de Inglaterra, la primera iniciativa en transición,
Transition Town Totnes.[xi]
Desde ese
momento, e impulsadas por la posterior creación de la Transition Network[xii]
(Red de iniciativas en Transición) y la publicación del Transition Handbook[xiii]
(Manual para la Transición), las iniciativas en transición han ido emergiendo y
evolucionando en todo el mundo a partir del trabajo a nivel comunitario, y con
las siguientes premisas:
• Que la vida
con un descenso dramático del consumo energético es inevitable y, por tanto,
mejor prevenir que ser cogido por sorpresa.
• Que la falta
de resiliencia social actual hace que en estos momentos nuestras comunidades no
estén preparadas para afrontar los choques que provocará el pico de producción
del petróleo.
• Que debemos
actuar colectivamente y debemos hacerlo ahora.
• Que dando
rienda suelta a la creatividad de la comunidad podemos proactivamente diseñar
nuestro descenso energético y construir modos de vida más interrelacionados y
ricos que reconozcan los límites físicos de nuestro planeta.
Un reto colectivo
Efectivamente la transición es un
gran reto colectivo que implica actuaciones a muy distintos niveles. Jóvenes y mayores,
instituciones, comerciantes y sociedad civil, en general, deben actuar
conjuntamente dando rienda suelta a su creatividad, y éste es uno de los
grandes logros del movimiento de transición: conseguir, mediante la creación de
redes, el uso de dinámicas participativas, el ejemplo práctico y el visionado
conjunto de un futuro posible y mejor, la paulatina inclusión de los diferentes
actores en el proceso de cambio.
El movimiento
de transición nos enseña lo importante que es asociar imágenes, para así tener
una visión clara sobre cómo queremos que sea nuestro futuro. ¿Qué pasaría si en
vez de imaginarnos un futuro lleno de desastres y catástrofes le diésemos la
vuelta y lo viésemos como un futuro lleno de extraordinarias oportunidades?
Oportunidades de reinventar, repensar y reconstruir un futuro abundante en
tiempo, en salud y en felicidad. Un futuro más local, comunitario y
autosuficiente. Para ello como indica R. Hopkins,[xiv]
es necesario crear nuevas historias y mitos que nos permitan avanzar en las
próximas décadas, como por ejemplo de la ciudad que tiene su propia moneda o
del pueblo que cambia los aparcamientos de coches por huertos comunitarios. En
definitiva, historias de la comunidad que descubre que vivir con menos es vivir
mejor.
Autoorganización
Cada iniciativa de transición,
formada por gente corriente, como tú y como yo, se autoorganiza, mediante la
creación de grupos de trabajo autónomos, sobre aspectos diversos como
alimentación, educación, energía, psicología del cambio, etc. A partir de ahí
las iniciativas ponen en práctica todo tipo de soluciones, creíbles y adaptadas
a su contexto, para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y
recuperar la resiliencia de su comunidad: huertos urbanos, sistemas de trueque
y monedas locales, talleres de reciclaje y recuperación de saberes
tradicionales, proyectos de bioconstrucción y aislamiento de casas, creación de
bancos de semillas, asesorías de vulnerabilidad al petróleo para los comercios,
proyectos sobre energías renovables, cuentos de transición, ferias ecológicas,
guías de comida local, plantación de árboles frutales, o la creación de un plan
integral de descenso energético (EDAP).
La evolución del Movimiento de Transición
Este es un movimiento joven y en
pleno crecimiento. Continuamente, de manera viral y autoorganizada, nuevos grupos
locales se adhieren a la idea de comenzar la transición por todo el mundo.
Actualmente, aunque la mayoría de iniciativas se encuentran en países
anglosajones como Reino Unido, Irlanda, USA, Australia o Nueva Zelanda, ya hay
grupos en 31 países como son: Japón, Chile, Portugal, Francia, Finlandia,
Alemania, Italia o España. A día de hoy existen ya cerca de 400 iniciativas oficiales
y más de mil que están empezando a trabajar en ese mismo camino. Existen
pueblos, barrios, ciudades, islas, penínsulas y bosques en transición, cada uno
con sus propios proyectos, con su propia personalidad. Continuamente surgen
nuevas publicaciones y películas en torno al movimiento Transition Towns,
consiguiendo que el concepto de transición, hace un par de años casi desconocido,
hoy día esté de total actualidad. En España se encuentra en sus inicios y en
plena expansión. La creación de la wiki para el movimiento de transición en habla
hispana,[xv]
publicaciones como «De la idea a la acción: aprendiendo del movimiento
Transition Towns»[xvi] o la
emisión de documentales como «Pueblos en Transición»,[xvii]
han ayudado de manera muy importante al mejor conocimiento del movimiento y a
su dispersión por el territorio. Actualmente existen grupos de trabajo en torno
a la transición en unas 20 localidades españolas: Barcelona y Vilanova i la
Geltrú, Zarzalejo (Madrid), Mancor del Vall (Mallorca), Vitoria Gasteiz y Coín
(Málaga), entre otras.
El concepto de
transición, como quedó patente en la última conferencia internacional sobre
Transition Towns que tuvo lugar del 9 al 11 de Julio de este año,[xviii]
está en continua evolución. Participantes de 12 paises y debates sobre
activismo y transición, sobre la necesidad de incluir la crisis financiera
entre uno de sus objetivos, la adaptación de sus principios a contextos de
pobreza como las favelas de Brasil, o la discusión de todo lo sucedido en las
plazas europeas,[xix] mostraron
la abertura de un movimiento que está sabiendo adaptarse a nuevos contextos y
realidades.
15-M y Movimiento de Transición
Mención especial en el momento de
cambio que vivimos, tiene el despertar que ha supuesto el movimiento 15M. En
apenas unos días las plazas de España y otros países del mundo se llenaron de
gente de todo tipo, proclamando de manera masiva y pacífica su indignación
frente a un sistema injusto, dominado por bancos, grandes empresas y gobiernos
corruptos. Y, ¿qué mejor manera de hacerlo que con el ejemplo? Niños,
jubilados, estudiantes, trabajadores y parados, que dejando de lado sus pequeñas
diferencias se pusieron manos a la obra para diseñar y construir a través de la
creatividad, la cooperación y la autoorganización, pequeñas comunidades
semiautosuficientes en el centro de las ciudades. Comedores, populares, cuidado
sanitario, múltiples grupos de trabajo, guarderías, huertos, el uso de la
democracia participativa y horizontal o de los principios de la permacultura, o
las múltiples actividades culturales, fueron claros ejemplos de que la gente
quiere un modelo de vida diferente y que es posible. ¿Acaso no es este un
ejemplo increíble de transición?
Lo sucedido en
tantas plazas, incluido Wall Street mientras escribo estas líneas, se trata de
un gran experimento de transición social, que pese a lo efímero, a puesto a la
sociedad de muchos países en plena efervescencia. Pero ¿cómo continuar este
cambio? No existen respuestas concretas y evidentemente dependerá de cada lugar
y situación, pero lo que está claro es que el movimiento de transición puede
tiene un papel crucial en este proceso global de cambio, aportando su visión,
metodologías y herramientas, para canalizar constructivamente la indignación actual.
Por un cambio de paradigma
Sabemos que la recuperación de un
equilibrio global pasa por la reconstrucción de resiliencia mediante el decrecimiento
consciente de las economías, la relocalización de nuestros modos de vida y la
reconexión con el medio natural, y que para ello es imprescindible un gran
cambio cultural. Donella Meadows[xx] nos
explica, que el punto clave en el que hay que actuar para que cambie un sistema
es en el cambio de paradigma, es decir aquellas ideas compartidas y asunciones
que dan forma a la cultura, que la guían. Cambiar el paradigma consumista
actual por el paradigma del «menos es mejor», el de la sostenibilidad, supone
un reto inmenso que no puede esperar.
Con ese
objetivo y centrándose en el declive del petróleo y en la necesidad de vivir de
manera más autosuficiente, el movimiento de transición nos llama a actuar colectivamente,
de manera creativa y huyendo del catastrofismo. Nos invita a reaprender y a
cambiar nuestros valores: la competitividad por la cooperación, el
individualismo por la comunidad, lo lejano por lo local. Nos infunde ánimo para
que conjuntamente visionemos y diseñemos nuestro futuro. Nos explica que esta
ilusionante, aunque larga, transición de paradigma puede ser increíble. Y nos
dice que definitivamente hay que de dejar las diferencias de lado y ponerse ya
manos a la obra porque es el momento de pasar todos juntos de la indignación a la
acción.
Notas
[i] Walker, B.,
Hollinger, C.S., Carpenter, S.R. and Kinzing, A. (2004) «Resilience,
Adaptability and Transformability in Social-ecological Systems» Ecology and
Society.9 (2) p.5.
[ii] Rockström,
Johan; W. Steffen, K.; Noone, [et al.] (2009). «Planetary Boundaries: Exploring
the safe operating space for humanity», Ecology and Society 14(2), p 32.
[iii] Pigem, J.
(2010) «Revalorar el món: els valors de la sostenibilitat» Consell Assessor per
al Desenvolupament Sostenible de Catalunya.
[iv] Datos del
Oil Depletion Analysis Centre. (http://www.odacinfo. org). Mirar también:
http://www.hubbertpeak.com/
[v] Heinberg,
R.(2003) «The Prty’s Over, War and the Fate of Industrial Societies». New
Society Publishers.
[vi]
www.decrecimiento.es
[vii] T.
www.transtiontowns.org
[viii] Holmgren,
D. (2003). «Permaculture: principles and pathways beyond
sustanaibility».Holmgren Design Services.
[ix]
http://transitionculture.org/wp-content/uploads/kinsaleenergydescentactionplan.
pdf
[x] Energy
Descent Action Planning
[xi]
http://www.transitiontowntotnes.org/
[xii]
http://www.transitionnetwork.org/
[xiii] Hopkins,
R. (2008). «The Transition Handbook.From oil dependency to local
resilience».Totnes. Green Books.
[xiv]
http://www.ted.com/talks/lang/spa/rob_hopkins_transition_to_a_world_without_oil.html
[xv]
http://movimientotransicion.pbworks.com. Del Río, J. (2009) «De la idea a la
acción: aprendiendo del movimiento TransitionTowns» Máster en Sostenibilidad de
la Universidad Politécnica de Catalunya. Se puede descargar en:
[xvi]
http://movimientotransicion.pbworks.com/f/De+la+idea+a+la+acci%C3%B3n%3B+Aprendiendo+del+Movimiento+Transition+Towns+-+Juan+Del+R%C3%ADo.pdf
[xvii]
http://www.rtve.es/television/20100208/escarabajoverde-pueblos-transicion/317064.shtml
[xviii]
https://barcelonaentransicio.wordpress.com/2011/07/20/2011-transition-network-conference/
[xix]
http://www.youtube.com/watch?v=80UdS9WuQXA
[xx] Meadows,
Donella (2009).«Leverage Points–Places to Intervene in a System».London.
Earthscan.

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